El Departament de Filosofia de l'IES Dr. Lluís Simarro us dóna la benvinguda al nostre espai docent.
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Simone de Beauvoir 2

El primer tomo del libro de Simone lleva por título “LOS HECHOS Y LOS MITOS”. Está dividido en tres partes: Destino, Historia y Mitos..

En la parte titulada Destino, trata de demostrar que la alteridad de la mujer no es un destino determinado por la biología, ni por la psicología, ni por la economía.

La biología misma nos dice, por ejemplo, que forma parte de nuestra naturaleza humana el autoconstruirnos, al menos en parte.

Si la alteridad no es un destino biológico, ¿qué es  lo que ha colocado a la mujer en esta situación de sumisión?. Cuando explicamos la adaptación que hace Simone de la dialéctica del Amo y el Esclavo avanzamos ya una explicación.

Según Simone  de Beauvoir, “la clave de todo el misterio” estaría en las “servidumbres de la reproducción”  que obligan a la mujer a “largos períodos de impotencia”.

Esta devaluación de la feminidad ha sido sólo una etapa,. quizá necesaria, pero transitoria de la evolución humana. No es necesario prolongar esta situación.

Incluso en las condiciones más antiguas (12 o 13 años de incapacidad por embarazo) habría sido posible una cooperación entre los sexos. Si esta cooperación no ocurrió es porque la necesidad de afirmarse como sujetos, “la voluntad masculina de expansión”, condenó a las mujeres a la condición de inmanencia.

Nos estaría de más ahora hacernos algunas preguntas. ¿Qué condiciones materiales pudieron hacer que las servidumbres de la reproducción aumentaran? ¿fue una crisis alimentaria? ¿Esta situación de la mujer se da igual en las sociedades cazadoras?

Hoy la “incapacidad por embarazo” apenas alcanza los 2 años, por lo tanto no se dan esas condiciones que condenaban a la mujer a la inmanencia.

La condena de la mujer a la inmanencia y al sedentarismo no ha hecho sino consolidarse desde la aparición del PATRIARCADO. Desde entonces, leyes e instituciones no han dejado de ponérselo a la mujer más y más difícil. Apenas unas pocas voces críticas como la del cartesiano Poulain de la Barre han denunciado esta opresión y esclavitud de la mujer (también Diderot y Stuart Mill).

En el siglo XIX con la revolución industrial se producen algunos cambios ambiguos. Por una lado, la mujer, al incorporarse al trabajo industrial obtiene una perspectiva de desarrollo individual. Por otro lado, a las servidumbres de la reproducción se añade la explotación en las fábricas, con lo que a las mujeres se les plantea el problema de la conciliación entre esos dos mundos: el trabajo fuera y el trabajo en casa. Además, muchos obreros miran con recelo esa incorporación de la mujer a la que ven como competidora.

Pero en la sociedad humana “nada es natural” y “la mujer es un producto más elaborado por la civilización” y, por tanto, una historia distinta es posible en adelante.

El primer capítulo del segundo volumen (Formación) está dedicado a mostrar cómo se fabrica la “mujer mujer” por medio de un proceso de socialización-educación que discrimina a las niñas.

A las niñas, bajo la apariencia de un trato privilegiado, se le permite ser más frágil y sensible. A los niños se les enseña a estar orgullosos de sus logros. Un montón de pequeños aprendizajes van consolidando en la mujer sentimientos de inferioridad, de pasividad. En los niños se favorecen actitudes encaminadas a la acción, al riesgo. En casa aprenden sobre el prestigio de todo lo que rodea al padre (trabajo) y el escaso valor de lo que hace la madre (tareas domésticas que ni siquiera se pagan).

En el terreno erótico, se fomenta la dependencia de las muchachas. El tiempo de la relación también se vive de un modo distinto: para el hombre, que tiene muchas cosas importantísimas que hacer, estar con ella es sólo una cosa más; para ella, sin embargo, los momentos que pasa con él son los más importantes.

Se enseña a las niñas a sobrevalorar el amor, se las enseña a amar como la gran tarea de su vida. No es extraño que acaben siendo ellas las que cuidan de los niños, de los padres. Incluso profesionalmente se ocupan más de actividades de cuidado.

Se enseña a las niñas a no recurrir a la violencia, a asustarse ante la violencia. Al hombre se le enseña a conseguir, a la mujer a renunciar.

Pero esta situación no es una fatalidad. La  ”mujer mujer” es un producto fabricado como antes se fabricaban castrati para los coros del Vaticano. Si las mujeres consiguen la autonomía, entonces decidirán su propio papel, su identidad social, su erotismo.

El erotismo es un aspecto muy importante de la propia identidad. Según S. de Beauvoir “ningún destino sexual gobierna la vida del individuo”. Cada mujer y cada hombre es libre de elegir su vida erótica, amar a quien quiera y como quiera.

Voy a terminar con una frase de la gran antropóloga Margaret Mead:

“Los rasgos de la personalidad que hemos llamado masculinos o femeninos van tan poco ligados al sexo como el vestido, los ademanes o la forma de peinarse que una sociedad, en una época determinada, asigna a cada sexo.

Simone de Beauvoir

HERMENÉUTICA PROPIA DEL EXISTENCIALISMO DE BEAUVOIR

Lectura feminista de la dialéctica hegeliana del amo y el esclavo: la mujer como  “la otra” en la sociedad patriarcal.

La antropología moderna ha encontrado la categoría de “lo otro” en todas las culturas. Granet en el pensamiento chino, Dumézil en Grecia y Roma. Siempre encontramos esa dualidad de lo Mismo y lo Otro.

Simone de B. cita al antropólogo Lévi-Strauss: “El paso del estado de Naturaleza al estado de la Cultura se define por la aptitud que el hombre adquiere de concebir las relaciones biológicas como sistemas de oposiciones: la dualidad, la alternancia, la oposición y la simetría…son datos fundamentales e inmediato de la realidad social.” (“Las estructuras elementales  del parentesco”).

Los grupos humanos empiezan a entender el mundo por medio de categorías duales, lo Mismo se opone a lo Otro.  Ningún colectivo se define como Uno sin ubicar inmediatamente a otro frente a sí.

Años antes, el filósofo alemán Hegel había pensado que la conciencia se construye a través del enfrentamiento y la oposición con algo Otro. La categoría de “Otro” es tan primaria como la conciencia.

Ni la vida social se puede considerar como un MITSEIN (convivencia) lleno de paz y solidaridad, ni tampoco la vida individual es un desarrollo armonioso exento de hostilidad y de lucha.

Simone de B. utiliza estas ideas para entender la situación de las mujeres. Después de constatar la situación de opresión que padecen las mujeres desde hace siglos, S. de Beauvoir se hace esta pregunta: ¿Por qué las mujeres no han podido constituirse en un sujeto, en un decir NOSOTRAS, como sí han hecho otros colectivos oprimidos?  Aún otra pregunta: ¿Qué llevó a las mujeres a su situación de oprimidas y sometidas?

Parte de la respuesta a estas preguntas está en la consideración de que en la relación de las mujeres con los hombres no se da la misma RECIPROCIDAD que se da entre otros colectivos.

El nativo se da cuenta de que en los países vecinos hay otros nativos que miran a su vez como extranjero. Uno y otro se enfrentan o se reconocen al mismo nivel.

Pero esta reciprocidad no se da entre los dos sexos. Uno de ellos se ha afirmado como esencial y ha relegado al otro a la alteridad pura, a ser secundario, a ser objeto. El hombre se ha colocado en la trascendencia y ha condenado a la mujer a la inmanencia.

Para entender mejor como se ha constituido esta situación de opresor-oprimido, S. de Beauvoir echa mano de una de las partes más conocidas de la filosofía de Hegel: la dialéctica del amo y el esclavo.

Del libro de Jean Hyppolite “Génesis y estructura de la Fenomenología del espíritu de Hegel” cito esta frase: “La autoconciencia, que es deseo, sólo alcanza su verdad al encontrar otra autoconciencia viviente como ella.”

Según Hegel, los hombres no tienen, como los animales, únicamente el deseo de conservar su vida, sino      que tienen el deseo imperioso de hacerse reconocer como autoconciencia. Por eso el hombre (la autoconciencia) lucha por lograr el reconocimiento, En esa lucha llega arriesgar su vida. El deseo de reconocimiento es mayor que el deseo de conservar la vida. Pero, al poner en juego su vida, el hombre se da cuenta de su valor y puede entonces decidir convertirse en esclavo (renunciar al reconocimiento) con tal de conservar la vida. El esclavo no es propiamente esclavo del amo, sino de la vida. Se convierte en esclavo al retroceder ante la muerte.

Hasta aquí la explicación del proceso por el que unas autoconciencias, al enfrentarse, pueden convertirse en amo y esclavo.

Este esquema dialéctico puede servir para entender el proceso de sometimiento de las mujeres en las sociedades guerreras.

En esas sociedades, los hombres establecen los fines del grupo llevando a cabo guerras con otros grupos, guerras en las que, como en la caza, arriesgan sus vidas. Obtienen el reconocimiento del grupo y también de las mujeres. Las cuales no pueden intervenir en la guerra al estar vinculadas a actividades reproductivas. Los hombres someten a las mujeres y, a cambio, les ofrecen protección.

Cuando este sistema se consolida y se justifica mediante leyes escritas tenemos la sociedad patriarcal en la que la mujer es forzada a un papel sedentario, pasivo y secundario. Como dice el dicho machista: reposo del guerrero.

Esta relación de vasallaje de las mujeres no es fácil de abolir por varias razones.

Primero porque la situación de vasallaje se prolonga ya mucho tiempo y las mujeres no tienen una historia común y carecen de elementos de identidad como colectivo. Al estar durante siglos vinculadas al hogar, se encuentran aisladas, dispersas. Una de las pocas librerías feministas que hubo en Valencia y que ya cerró hace tiempo, se llamaba precisamente “Sal de casa”.

Además, el vínculo de las mujeres con sus opresores no es comparable con el que existe entre otros oprimidos con sus opresores. La mujer vive en una extraña simbiosis con su opresor. Muchas veces las mujeres tienen dificultades para romper con hombres que les hacen daño. (Echad una ojeada al libro “Las mujeres que aman demasiado”. Está en la biblioteca del Instituto).

Por último, la propia relación de subordinación tiene algunas ventajas que la mujer perdería si se liberase. Las ventajas no son sólo materiales, sino también existenciales. Liberarse significa hacerse responsable de uno mismo por completo y eso requiere valor, autenticidad y decisión.

CONCEPTO DE SUJETO SITUADO.

Simone de Beauvoir adopta el punto de vista de la moral existencialista. Hay un fragmento de Jean Paul Sartre que nos sirve ahora:

“Estamos solos, sin excusas. Es lo que expresaré diciendo que el hombre está condenado a ser libre. Condenado, porque no se ha creado a sí mismo, y, sin embargo, libre, porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace. El existencialista no cree en la fuerza de la pasión (…) Piensa que el hombre es responsable de su pasión (…) el hombre tiene un porvenir por hacer.” (J.P.Sartre “El existencialismo es un humanismo”)

El existencialismo dice que la existencia precede a la esencia.. La vida no consiste en una esencia humana que se va desarrollando, sino que primero uno es “arrojado” al mundo y, una vez allí, es su responsabilidad el “hacerse”. Uno se va haciendo a sí mismo por medio de sus decisiones y acciones.

Condenado a ser libre quiere decir que el ser humano ha de usar su libertad para proyectarse en la vida, para forjar proyectos de vida, para elegir quedarse en la inmanencia o trascenderse y superarse. Porque el ser humano no es una esencia hecha sino una existencia que se va haciendo. Como decía Machado, “no hay camino, al andar se hace camino”.

Lo primero es la existencia y la existencia lo es en una situación concreta. Uno/a llega a la existencia como hombre o como mujer, en una u otra época, en una u otra familia o país. Las decisiones o acciones no se hacen en abstracto sino teniendo en cuenta la situación en que se vive.

La situación de la mujer es ambigua: su ser profundo, humano, les empuja a la libertad y la autonomía, su ser cultural en un mundo machista les empuja a la sumisión y a la obediencia.

A esto hay que añadir la ambigüedad de la condición humana que está dividida entre la trascendencia, el proyecto, la libertad y, por otro lado, la inmanencia y la determinación del cuerpo.

Simone de Beauvoir propone una moral basada en la autenticidad y la libertad. No engañarse a uno/a mismo/a, inventar los propios fines y no convertirse por pereza o cobardía en marioneta de la voluntad de otros.

Termino con una frase que anoté de los diálogos de la película “Vértigo” de Hitchcock: La protagonista (Kim Novak) dice al protagonista (James Stewart), “Dejé que me cambiaras porque te quería.” ¿Es una buena manera de entender el amor para una mujer?

METODO REGRESIVO-PROGRESIVO DE ANALISIS DE LA CONDICION FEMENINA

Según Simone de Beauvoir el sometimiento de la mujer es quizá una etapa necesaria de la evolución humana. Pero no es una situación deseable ni para las mujeres ni para los hombres.

Por esos Simone de B. se preocupa, por un lado, de entender (hacia atrás) cómo se ha producido y se mantiene la situación de opresión y, por otro lado, de imaginar (hacia adelante) cómo podría ser la superación de la situación y la convivencia igualitaria entre los sexos.

El primer tomo utiliza más el punto de vista regresivo. De sus tres partes (Destino, Historia, Mitos) es en la segunda (Historia) en la que este punto de vista es más evidente: ¿Cómo empezó esto?, ¿Cómo llegó hasta este punto la situación de opresión de la mujer?.

En la parte titulada Destino se discute si la mujer está condenada por su biología, por su psicología o por la economía a ser siempre el “segundo” sexo.

En la parte titulada Mitos estudia las fantasías que la cultura masculina ha elaborado sobre las mujeres.

En el segundo, todo titulado “La experiencia vivida”, da voz a la experiencia de las mujeres, desde la infancia hasta la vejez, intentando comprender las experiencias concretas que viven (como esposas, como madres, como prostitutas, en su vida social) y tratando de proyectar una salida hacia la liberación.

El último capítulo del libro lleva precisamente ese título: “La mujer independiente.”

PROBLEMATIZACIÓN DE LA CATEGORIA “MUJER”.

Es evidente con sólo abrir los ojos que hay hombres y mujeres. Pero ¿en qué consiste la diferencia.?

Decir como Dorothy Parker en “Modern Women: a lost sex”: “Tanto hombres como mujeres debemos ser considerados como seres humanos” no nos aclara nada. Afirmar de forma abstracta la igualdad no significa haberla conseguido. Por mucho que neguemos las nociones de Feminidad, alma negra o carácter judío, eso no significa una liberación  para las mujeres, los negros o los judíos. Es sólo una huida engañosa.

Nos va a aclarar mucho más el hacer la distinción entre sexo y género que también nos llega del movimiento feminista norteamericano.

Sexo significa el sexo biológico; género se refiere a los roles sociales “hombre” y “mujer” atribuidos al sexo biológico. Esto implica que el sexo biológico está fijado, pero los roles son productos culturales que podrían ser de otro modo. Por ejemplo, en el siglo XVIII se consideraba a la mujer más sexual que al hombre; sin embargo, en el siglo XIX en la era victoriana, se crea el cliché de la mujer prácticamente asexual.

“No se nace mujer: se llega a serlo” es una de las frases más conocidas de “El segundo sexo”. Simone de  Beauvoir analiza muy minuciosamente en la primera parte del segundo volumen (Formación) como el género (la Feminidad de la mujer) no es algo natural, sino una construcción social que se hace sobre todo a través de la educación.

El sexo es naturaleza, pero la Feminidad es un MITO fabricado durante milenios de patriarcado. Por eso la pregunta ¿qué es una mujer? No pregunta una cosa obvia sino que sirve para cuestionar lo que hay detrás de la categoría “mujer”, del mito del “eterno femenino”.

Hay que diferenciar los hechos de los mitos, lo natural de lo cultural.