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Premio Nobel de Química 2018

Premio Nobel de Química para los científicos que copiaron la evolución para curar enfermedades

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Noticia publicada en El Mundo  3-10-2018

La Real Academia Sueca de las Ciencias ha otorgado la mitad del  premio Nobel de Química a Frances H. Arnold (Pittsburgh, EEUU, 1956) y la otra mitad a George P. Smith (Norwalk, EEUU, 1941), de la Universidad de Harvard, y a Sir Gregory P. Winter (Leicester, Reino Unido, 1951), de la Universidad de Cambridge, por usar los principios de la evolución para desarrollar proteínas y anticuerpos para curar enfermedades y desarrollar sustancias químicas, como biocombustibles o fármacos, de una forma más limpia y eficiente.

El motor de la Evolución funciona de una forma muy simple: se produce un cambio genético que se transforma en la modificación de un rasgo o una función biológica y la selección natural decide si es beneficioso o no para ese individuo. Si resulta positivo, se perpetúa a través de la reproducción. Y si no supone una ventaja, se elimina. Este principio es el que usaron en los años 80 y 90 los recién galardonados por la Academia Sueca para mejorar los procesos de la industria farmacéutica o de los combustibles limpios entre otros.

Frances Arnold, la quinta mujer de la historia que recogerá el galardón de Química cuando se entreguen el mes de diciembre en la capital sueca, logró en el año 1993 la primera ‘evolución’ directa de una enzima en el laboratorio. Estas proteínas son las encargadas de acelerar las reacciones químicas que se producen en todo tipo de funciones biológicas de los seres vivos, como la transformación del alimento en energía para moverse, hacer la digestión o pensar, en el caso del ser humano. Desde entonces, esta profesora de la Universidad de California en Berkeley y del Instituto Tecnológico de California (Caltech) ha depurado esta técnica hasta hacerla parte imprescindible de buena parte de los procesos industriales de fabricación de medicamentos o de combustibles limpios que no proceden de fuentes fósiles.

Smith desarrolló en el año 1985 una técnica que utiliza fagos, unos virus que infectan bacterias, para añadir cambios genéticos en estos microorganismos y fabricar así nuevas proteínas. Winter fue el primero que consiguió producir un anticuerpo monoclonal 100% humano humanizando anticuerpos de ratón gracias a la técnica desarrollada por Smith. Esta técnica, que le valió el Premio Príncipe de Asturias en 2012, ha abierto una ventana completamente nueva para la fabricación de medicamentos basados en proteínas humanas y que ha cambiado la vida a miles de personas con enfermedades autoinmunes como artritis reumatoide o la psoriasis.

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